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Archive for 28 enero 2016

Un estudio realizado  encontró que los médicos que se enfrentan con una enfermedad terminal como el cáncer  al final de la vida son menos propensos que el público general a someterse a una cirugía, a ser tratados en una unidad de cuidados intensivos (UCI) o a morir en el hospital

“Parece confirmar la idea de que los médicos comprenden los límites de la medicina moderna al final de la ida”, dijo el autor líder del estudio, Joel Weissman, director científico del Centro de Cirugía y Salud Pública del Hospital Brigham and Women’s, en Boston. “Cuando se enfrentan a ese tipo de decisión, eligen recibir una atención más pacífica y menos agresiva al final de la vida”, añadió Weissman.

Esos hallazgos fueron respaldados por un segundo estudio, que halló que los médicos y las personas con unos niveles educativos más altos son menos propensos a morir en un hospital que las personas de la población general.

En comparación con la población general, los médicos fueron menos propensos a morir en un hospital (un 28 frente a un 32 por ciento), a someterse a una cirugía (un 25 frente a un 27 por ciento) y a ser admitidos a la UCI (un 26 frente a un 28 por ciento), mostraron los hallazgos

Cuando los médicos se enfrentan a una enfermedad terminal, eligen recibir una atención más pacífica y menos agresiva al final de la vida

Cuando los médicos se enfrentan a una enfermedad terminal, eligen recibir una atención más pacífica y menos agresiva al final de la vida

Pero el Dr. Joseph Rotella, director médico de la Academia Americana de Medicina de Hospicio y Paliativa, apuntó que ninguno de los dos estudios mostró diferencias extremadamente grandes entre los médicos y las demás personas en el tema de la muerte.

“Aunque hubo diferencias que tuvieron significación estadística, fueron bastante pequeñas. Quiero evitar que lo que en realidad se observó en el estudio se interprete de más”, dijo Rotella.

En el segundo estudio los  investigadores encontraron que los médicos tenían ligeramente menos probabilidades de morir en un hospital que la población general (un 38 frente a un 40 por ciento), pero que eran igual de propensos a morir en un hospital que otros profesionales sanitarios o personas con niveles educativos similares.

Esas cifras muestran la necesidad de que los médicos tengan mejores conversaciones con los pacientes sobre qué pueden esperar de forma realista de la atención al final de la vida, planteó Weissman. “La meta final es atender a los pacientes de una forma que sea coherente con sus propias elecciones y metas”

Pero incluso los médicos tienen dificultades para morir bien, a pesar de su conocimiento práctico, dijo el Dr. Saul Blecker, profesor asistente de salud de la población de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York.

Existen una serie de factores que restringen estas decisiones, incluso en el caso de los médicos, como por ejemplo  quién puede o no  recibir atención de hospicio, la negación de parte del paciente o de su familia del hecho de que la muerte se acerca, o el deseo del paciente de seguir recibiendo un tratamiento que podría curarle.

Ambos estudios aparecen en la edición del 19 de enero de la revista Journal of the American Medical Association, y la versión periodística apareció publicada en Medline Plus.com.

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El Hospital Sant Joan de Déu (en Esplugues de Llobregat, Barcelona, España) fue el primero en romper la barrera y dejar a un perro poner la pata dentro de sus pasillos. Desde entonces, aunque aún tímidamente, otros centros españoles se han animado a probar las terapias asistidas con perros en sus instalaciones, imitando un modelo extendido ya en otros ámbitos (principalmente en el campo de la discapacidad).

Para que los animales puedan estar en el hospital es necesario que estén acreditados como perros de asistencia y que no exista riesgo alguno de que puedan transmitir ninguna enfermedad.

Para que los animales puedan estar en el hospital es necesario que estén acreditados como perros de asistencia y que no exista riesgo alguno de que puedan transmitir ninguna enfermedad.

Pipa, es uno de los nueve perros que a diario, acompañados por técnicos especializados, recorren este centro infantil, el primero en España en lanzarse a la aventura de dejar entrar a estas mascotas profesionales por sus pasillos, según narra una crónica escrita por la periodista, María Valero publicada el diario El Mundo de España.

Todo empezó en 2009, durante unas jornadas sobre humanización celebradas en el centro. «Vinieron especialistas de un hospital de Florencia (Italia) -pionero en la terapia con perros en Europa, dice Nùria Serrallonga, responsable de la unidad de intervenciones asistidas con animales.

Los perros entraron primero al jardín de psiquiatría, luego al interior de este servicio, el hall del hospital… hasta que finalmente pudieron visitar también las habitaciones y prácticamente todos los servicios. Sólo la unidad de cuidados intensivos, los quirófanos y la unidad de neonatos les están vetados.

«Los técnicos llevan a los perros por todo el hospital, incluso por las Urgencias», explica Serrallonga, coordinadora del programa Hospital Amic, que engloba musicoterapia, payasos, perros, magos y cualquier actividad destinada a mejorar el bienestar emocional de los niños ingresados.

Cada actividad en la que están presentes los perros tiene una finalidad terapéutica. Bien distraer a niños que pasan largas temporadas ingresados o en reposo, aliviar el estrés que provocan pruebas dolorosas como una punción lumbar… «Si un niño tiene miedo de volver a caminar después de alguna cirugía de Traumatología, por ejemplo, animarle a pasear al animal también tiene como fin ayudarle a recuperar la movilidad.

Los perros entraron primero al jardín de psiquiatría, luego al interior de este servicio, el hall del hospital hasta que finalmente pudieron visitar también las habitaciones y prácticamente todos los servicios.

Los perros entraron primero al jardín de psiquiatría, luego al interior de este servicio, el hall del hospital hasta que finalmente pudieron visitar también las habitaciones y prácticamente todos los servicios.

Para que los animales puedan estar en el hospital es necesario que estén acreditados como perros de asistencia y que no exista riesgo alguno de que puedan transmitir ninguna enfermedad, algo que no ha ocurrido nunca desde que funciona el programa.

Los protocolos sanitarios que certifiquen que el animal está sano y no supone ningún riesgo de transmisión de enfermedades a los pacientes ingresados, son los trámites que más burocracia requieren antes de que la mascota pueda poner una pata en el hospital. Estos requisitos son los que han frenado a otros hospitales interesados en seguir la idea de l hospital barcelonés.

 

Los niños no son los únicos destinatarios de estas terapias. En el 2012 se aprobó un programa piloto para los servicios de neurología, pacientes con Alzheimer, en siquiatría y en rehabilitación para personas operadas de cadera y rodilla.

La convivencia de los pacientes con enfermedad mental con los animales se ha traducido en una reducción de las dosis de algunas medicaciones, mayor adherencia de los pacientes con esquizofrenia y otros beneficios más intangibles que se han reflejado en el bienestar de los pacientes. «Es cierto que ésta es una terapia joven y aún tenemos mucho que aprender, pero nuestra experiencia nos ha demostrado que el único límite es el escepticismo que nos podamos poner los profesionales», concluye la doctora Helena Díaz, jefa de Psiquiatría del Hospital de Torrejón.

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Mamografía, si pero debe realizarse cada dos años en mujeres entre los 50 y los 74 años fue la conclusión a la que llegó un panel de expertos  independientes americanos después de estudiar en detalle  todas  las evidencias científicas.

Los expertos dieron a conocer los resultados de sus investigaciones en siete artículos y cuatro editoriales publicados recientemente en la revista Annals of Internal Medicine.

 

El mayor beneficio de la mamografía  se produce a partir de los 50, donde se sitúa la máxima incidencia de este tumor

El mayor beneficio de la mamografía se produce a partir de los 50, donde se sitúa la máxima incidencia de este tumor

«La mamografía es efectiva en la reducción de las muertes causadas por cáncer de mama entre los 40 y los 74 años». Sin embargo, el mayor beneficio se produce a partir de los 50, donde se sitúa la máxima incidencia de este tumor. Aproximadamente, un 77% de los casos ocurren después de esta edad. Dadas las evidencias, señala Albert Siu, autor de uno de los editoriales, médico, y uno de los expertos que asesora a las autoridades estadounidenses sobre salud pública, entre los 50 y los 74 se «logra el mejor balance entre riesgos y beneficios del programa de detección precoz realizado cada dos años».

Antes de los 40 años, se diagnostica un escaso 10% y por encima de los 75, el riesgo disminuye. ¿Qué pasa entonces con la franja entre los 40 y los 49? Según cifras españolas, alrededor de un 18% de los tumores de mama se detectan en esta década. Según los especialistas aquí «la decisión debe ser individual y consensuada con su médico», ya que, «a pesar de también ser eficaz, hemos encontrado un beneficio menor» y siempre deben sopesarse los riesgos.

Los falsos positivos, el sobretratamiento y un exceso de radiación son algunos de los inconvenientes que puede causar la mamografía. «A menudo, los falsos positivos conducen a exámenes y procedimientos adicionales que conllevan ansiedad y estrés», comentaron los expertos.

Por cada caso de cáncer de mama invasivo detectado con mamografía, entre los 40 y 49 años, 10 tuvieron que someterse a una biopsia para confirmar o descartar los resultados. En el grupo de mujeres entre 70 y 79 años, sólo tres tuvieron que experimentar esta prueba adicional. Con la edad, los falsos positivos disminuyen debido a que en esta etapa de la vida la mama tiene más grasa, lo cual produce una imagen más nítida lo que facilita la detección del tumor.

«Cuanto más joven es la mama, más tejido glandular tiene y más difícil resulta detectar una lesión». Se producen, por lo tanto, «más falsos positivos» que hay que cotejar después con una biopsia.

A pesar de los inconvenientes causados, puntualiza la doctora García Estévez, jefa de la Unidad de Mama del Hospital Madrid Norte Sanchinarro, «creo que si preguntáramos a las mujeres españolas, preferirían hacerse la mamografía a pesar de los posibles falsos positivos, para quedarse más tranquilas y sentir que están controladas».

«Cuanto más joven es la mama, más tejido glandular tiene y más difícil resulta detectar una lesión».

«Cuanto más joven es la mama, más tejido glandular tiene y más difícil resulta detectar una lesión».

Indican los expertos americanos que no existen estudios que midan directamente la asociación entre la exposición radiológica de la mamografía y la incidencia de cáncer de mama y mortalidad.

Un modelo predictivo realizado detectó dos muertes por cada 100.000 mujeres entre los 50 y los 59 años que se sometían a mamografías bienales por culpa de un tumor de mama inducido por la radiación. Se registraron 11 defunciones de este tipo cuando se incluían a las mujeres a partir de los 40 y con mamografías anuales. «En comparación con el número de muertes por cáncer de mama evitados, esta incidencia es pequeña», reconocen los expertos, «pero no trivial».

En Venezuela, según la Fundación Senos Ayuda, mueren anualmente 16.000 mujeres debido al  cáncer de mama.

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