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Archive for 21 noviembre 2017

Es un temor  muy común entre los hombres de cierta edad pensar que una vez que se encuentran afanados en plena faena sexual con una joven la mitad de su edad  se le presente un ataque cardíaco y caigan muertos. Al millonario Nelson Rockefeller no lo acosaban estos fantasmas y  hoy sabemos que es poco probable que esto suceda en la vida real.

El sexo simplemente no es tan extenuante como la gente cree. La actividad aeróbica asociada con el sexo es equivalente a subir dos tramos de escaleras.

El sexo se vinculó con apenas 34 de más de 4,500 paros cardiacos que ocurrieron en el área metropolitana de Portland, Oregón, entre 2002 y 2015. Eso equivale a una tasa de apenas un 0.7 por ciento, anotaron los investigadores.

De esos casos, 18 ocurrieron durante una relación sexual, y 15 inmediatamente después. No se pudo determinar la hora en que ocurrió el último caso.

“Antes podíamos decir que el riesgo probablemente era bajo, pero no sabíamos qué tan bajo”. “Ahora tenemos datos y podemos decirles que el riesgo es muy bajo” dice el doctor Sumeet Chugh, director  del estudio y médico del Centro del Ritmo Cardiaco del Centro Médico Cedars-Sinai, en Los Ángeles.

Pese a lo bajo del riesgo Rockefeller murió el 26 de enero de 1979  mientras trabajaba en su oficina de Manhattan debido a un infarto según la versión oficial. Pero la información divulgada por  la prensa explicó que el multimillonario dejó de existir mientras se encontraba en plena faena amorosa con su secretaria en su residencia de Maine. Tenía 71 años y abundante sobrepeso.

Los nuevos hallazgos forman parte de un estudio de 16 años sobre factores de riesgo cardiacos en que participó un millón de personas que vivían en y cerca de Portland.

“La actividad sexual es solo una variable de la ecuación general” de los riesgos cardiacos, pero una que no se ha estudiado en profundidad, añadió Chugh.

Los hombres son más propensos que las mujeres a que su corazón se detenga como resultado del sexo. Solo dos de los 34 pacientes de paro cardiaco fueron mujeres, mostraron los hallazgos.

Pero en general, el sexo se vinculó con apenas un 1 por ciento de todos los paros cardiacos que ocurrieron en los hombres.

El sexo simplemente no es tan extenuante como la gente cree. La actividad aeróbica asociada con el sexo es equivalente a subir dos tramos de escaleras, explicó la Dra. Nieca Goldberg, directora del Centro de Salud de las Mujeres de la NYU y vocera de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association, AHA).

En general el sexo es seguro para la mayoría de los pacientes cardiacos, a menos que no puedan mantener ni siquiera unos niveles bajos de actividad o tengan síntomas que les impidan realizar tareas cotidianas como hacer la cama o limpiar la casa, anotaron las expertas del corazón.

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¿Olvido las llaves de la oficina o perdió la concentración varias veces mientras conducía del trabajo a la casa? Una nueva investigación sugiere que la falta de sueño altera la comunicación entre las células cerebrales, lo que provoca errores mentales temporales que afectan a la memoria y a la percepción visual.

La privación del sueño redujo la actividad de las neuronas lo que provoca errores mentales temporales que afectan a la memoria y a la percepción visual.

Cuando las neuronas dejan de funcionar adecuadamente debido a la falta de sueño, se producen lapsus mentales en el modo en que percibimos y reaccionamos ante el mundo que nos rodea, dijo el autor principal del estudio,  el Dr. Itzhak Fried, profesor de neurocirugía en la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA) y la Universidad de Tel Aviv, en Israel.

El estudio contó con 12 pacientes con epilepsia a los que se colocó unos electrodos en el cerebro antes de la cirugía para localizar el origen de sus convulsiones. Se les mantuvo despiertos toda la noche para provocarles ataques.

Se pidió a los pacientes que categorizaran una serie de imágenes lo más rápidamente posible mientras los electrodos registraban la actividad de las neuronas que controlan la memoria y la percepción visual. A medida que los pacientes estaban más somnolientos, estas neuronas se ralentizaron y la tarea se hizo más difícil.

Fue fascinante observar cómo la privación del sueño redujo la actividad de las neuronas”, dijo  el otro autor del estudio, Yuval Nir  investigador en el Departamento de Fisiología y Farmacología de la Universidad de Tel Aviv.

“Unas ondas lentas, como las que hay durante el sueño, alteraron la actividad cerebral de los pacientes y el rendimiento en las tareas”, dijo Fried. “Este fenómeno sugiere que las regiones seleccionadas de los cerebros de los pacientes estaban dormitando, provocando lapsus mentales, mientras que el resto del cerebro estaba despierto y funcionaba de forma normal”.

Las investigaciones previas han asociado la privación del sueño con un aumento en el riesgo de depresión, obesidad, diabetes, ataque cardiaco y accidentes cerebrovasculares.

El  trabajo  fue respaldado por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de EE. UU., el Instituto Nacional de la Salud Mental de EE. UU. y la Israel Science Foundation, entre otros.

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Los adultos mayores que han perdido el sentido del olfato parecen tener un riesgo más alto de demencia, sugiere un nuevo estudio dirigido por el  Dr. Jayant Pinto, un especialista en otorrinolaringología de la universidad de Chicago.

El estudio a largo plazo incluyó a casi 3,000 participantes de 57 a 85 años de edad, en quienes se evaluó la capacidad de identificar cinco olores comunes.

Los participantes en el estudio que no pudieron identificar al menos cuatro de los cinco olores tenían más del doble de probabilidades de sufrir de demencia.

 

El 78 por ciento de los participantes identificó correctamente al menos cuatro de los cinco olores; un 14 por ciento identificó tres de los olores, un 5 por ciento solo dos de los olores, un 2 por ciento  solo uno, y un 1 por ciento no identificó ninguno de los olores.

Cinco años después de la prueba, los participantes que no pudieron identificar al menos cuatro de los cinco olores tenían más del doble de probabilidades de sufrir de demencia, en comparación con los que tenían un sentido del olfato normal, dijeron los investigadores.

Casi todos los participantes que no pudieron identificar ni un solo olor habían sido diagnosticados con demencia, junto con un 80 por ciento de los que solo identificaron uno o dos de los cinco olores, según el informe.

“Estos resultados muestran que el sentido del olfato está conectado de cerca con la función y la salud del cerebro”, apuntó en un comunicado de prensa de la Universidad de Chicago el autor líder del estudio, el Dr. Jayant Pinto, un especialista en otorrinolaringología en la universidad.

“Creemos que un declive en la capacidad de oler, en concreto, pero también en la función sensorial de forma más amplia, podría ser una importante señal temprana, y marcar a las personas que tienen un riesgo más alto de demencia”, explicó Pinto.

Martha McClintock, coautora del estudio y experta en comunicación olfativa (del sentido del olfato) y feromónica (de la secreción química), anotó que el sistema olfativo también tiene células madre que se autorregeneran.

Según McClintock, “una reducción en la capacidad de oler podría señalar una reducción en la capacidad del cerebro de reconstruir componentes clave que están declinando con la edad, lo que conduce a los cambios patológicos de la gran variedad de distintas demencias que hay”. McClintock es profesora de psicología en la Universidad de Chicago.

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