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Archive for 26 octubre 2018

La dysania es la incapacidad que tienen una persona para levantarse temprano en  la mañana y que perfectamente se puede  confundir con la flojera que  ataca a los dormilones a esa misma hora.

 

Los que padecen dysania tienen una necesidad urgente de volver a la cama una vez fuera de casa.

La posible confusión la aclara el doctor Mark Salter, del Colegio de Psiquiatras de Reino Unido.  “Es un comportamiento que puede verse en personas que padecen un trastorno depresivo mayor” le dice  el especialista  a la  BBC de Londres.

La dysania no es sentirte más cansado de lo habitual en la mañana: es una incapacidad crónica de salir de la cama. Los que la padecen pueden quedarse en  el lecho  durante días y experimentan ansiedad ante la idea de tener que levantarse y salir de casa.

Incluso después de descartar un impedimento físico resulta difícil de diagnosticar  si se usa como guía solamente el impedimento de levantarse de la cama. Y es después de esto que surge la sospecha de una enfermedad subyacente como la depresión o el síntoma de fatiga crónica.

“La depresión puede afectar al cuerpo de distintas formas”, explica el doctor Salter. “Los trastornos del sueño, el letargo y el despertar temprano en la mañana son síntomas corporales de la depresión”.

La ausencia de otros síntomas que explique el letargo crea la sospecha de que se trata de un dormilón o más bien de una persona que simplemente no duerme bien en las noches lo que lleva al afectado a practicar normas higienes que lo ayuden a cambiar los malos hábitos.

Primero, trata de regular cuánto duermes. La mayoría de los adultos necesitan entre seis y nueve horas.

Haz un poco de ejercicio cuando te levantes por las mañanas e intenta acostarte a la misma hora cada noche.

La relajación es clave: intenta tranquilizarte antes de ir a dormir con un baño relajante o algo de ejercicio ligero, como estiramientos de yoga.

Si estas recomendaciones no funcionan  y la dificultad para levantarse permanece junto con la ansiedad y depresión, consulta a tu médico.

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El caso  de las mallas vaginales ha sido uno de los escándalos del circuito de la salud más grande de los últimos tiempos. La  investigación realizada por la Revista Médica Británica (BJM) compromete a la industria, a los médicos y a los organismos reguladores. Sangrado y dolor durante las relaciones sexuales son algunas de las consecuencias que denuncian las afectadas.

El escándalo de las mallas vaginales salpica al creador del dispositivo, cirujanos, la industria, organismos profesionales y universidades.

Las mallas vaginales son unos dispositivos elaborados con poliuretano que, tras una operación, se introducen en las paredes de la vagina con el objetivo de reforzar el suelo pélvico. En principio, estos implantes se recomendaban a mujeres que habían tenido múltiples partos y que, fruto de ello, sufrían problemas tales como el prolapso (desplazamiento de órganos como el útero o la vagina) e incontinencia urinaria.

Desde los años 90, se calcula que ginecólogos de todo el mundo  lo han implantado en más de 100.000 mujeres. Sin embargo, las primeras complicaciones  salieron a la luz pública en el año 2008, casi 20 años después, cuando la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, en sus siglas en inglés) recibió más de 1.000 informes alertando sobre los problemas que estaba causando: desde sangrado y dolor durante las relaciones sexuales, hasta infecciones graves y erosión de la vagina por la malla.

Según la investigación que acaba de ser publicada en la revista  BMJ por el investigador Carl Heneghan y su equipo, un conjunto de fallas normativas permitieron sacar al mercado un dispositivo que carecía de garantías para ser utilizado y que “expuso a las mujeres a daños innecesarios”. De hecho, muchas mujeres lo siguen llevando a día de hoy puesto que, por su cercanía a los nervios, la malla no puede ser retirada.

“ Cambios en el diseño deberían haber alertado a los organismos reguladores sobre las importantes diferencias existentes en las características tecnológicas de la malla y estos deberían haber negado su uso”, explican los responsables de la investigación. El trabajo también señala que existió una “falta constante de datos a largo plazo” sobre cómo estaba funcionando el dispositivo y que los problemas se identificaron demasiado tarde.

Lluvia de acusaciones

En  febrero de 2018  Jeremy Hunt, exsecretario de salud, anunció que su Departamento estaría invirtiendo 1,1 millones de libras “para desarrollar una base de datos completa sobre la malla vaginal con el fin de mejorar la práctica clínica e identificar problemas”. Si se hubieran tenido en cuenta todas [estas advertencias], “la actual crisis de malla podría haberse evitado en gran medida”, según dice el periodista de investigación y autor Jonathan Gornall.

El gobierno australiano pidió disculpas a las mujeres de ese país por la agonía histórica que han causado los implantes de malla vaginal

Gornall acusa a Ulf Ulmsten, el obstetra sueco que inventó la malla, de haber recibido un millón de dólares en 1997 por parte del gigante médico global Johnson and Johnson antes de realizar  un estudio para probar la efectividad y seguridad de su nuevo procedimiento de cinta vaginal sin tensión (TVT, por sus siglas en inglés).

Gornall también señala a los cirujanos del Sistema de Salud Británico, NHS, a los organismos profesionales, las universidades y las conferencias médicas que se benefician de los fondos corporativos y cómo esta participación financiera se oculta a los pacientes.

Johnson and Johnson negó las acusaciones de que el pago estaba condicionado a que el estudio fuera exitoso, y rechazó cualquier sugerencia de que esto hubiera comprometido los resultados de ese ensayo.

Recientemente el  ministro de salud australiano, Greg Hunt en nombre del gobierno australiano, pido disculpas a todas esas mujeres por la agonía histórica que han causado los implantes de malla vaginal.

En ese  país unas 700 mujeres se unieron para demandar a  Johnson & Johnson    uno de los fabricantes más importantes de este tipo de mallas.

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A primera vista la vulvodinia posee todas las características de una enfermedad rara muy dolorosa que afecta a la vagina de las mujeres: poco conocida, no tiene protocolo de diagnóstico, tampoco cura  y desconcierta tanto a los médicos como a las afectadas.

No hay una causa identificable de la vulvodinia y no existe una cura que sirva para todas las pacientes.

Al principio fue un dolor que iba y venía y no le dio demasiada importancia, “Después de un tiempo, sentí como si alguien me estuviera cortando por la mitad y a la vez quemándome la vagina con un cigarrillo”, le cuenta   Tara Langdale-Schmidt una de las afectadas por este mal a la BBC de Londres.

“Había ocasiones en las que trataba de tener sexo con mis esposo y lo único que podía hacer era intentar no llorar para no arruinar el momento. Era una agonía”, recuerda.

Después de  visitar varios  médicos con resultados infructuosos, Tara decidió buscar por su propia cuenta en foros  de Internet  y grupos en redes sociales. Se encontró  con una condición   conocida como Vulvodinia que afecta a la abertura de vagina y cuyo dolor y ardor puede sentirse de forma latente, aunque no haya actividad en el miembro genital (mientras una mujer está sentada, por ejemplo).

Hablan los obstetras

El Centro de Obstetricia y Ginecología de Estados Unidos define a la vulvodinia como un dolor en la vagina que dura tres meses o más y que no es el resultado de ninguna infección, un trastorno de la piel u otro problema médico.

La condición puede aparecer repentinamente o progresar lentamente con el tiempo y se han identificado dos tipos.El primero es la vulvodinia generalizada, que se puede encontrar en diferentes áreas de la vulva y puede doler en momentos distintos. El dolor puede ser constante o puede ser intermitente.

Mientras que la vulvodinia localizada es un dolor que se siente en un área específica de la vulva. A menudo se asocia con una sensación de ardor y suele aparecer tras someterla a presión o al tocarla, como ocurre en las relaciones sexuales o al introducir un tampón.

A pesar de que el término apareció por primera vez en 1880 y que en la actualidad un 16% de mujeres padecen el mal en los Estados Unidos, es poco lo que se ha investigado sobre la vulvodinia.

No hay evidencia científica suficiente para llegar a un consenso sobre los métodos de diagnóstico y tratamiento más adecuados, fue la conclusión final de una conferencia celebrada en el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de Estados Unidos en 2011.

Tratando con el dolor

La vulvodinia supone un trastorno para la vida íntima de una persona y puede ser socialmente muy aislante, dice Angie Stoehr, directora del Centro Stoehr para el dolor pélvico e íntimo., quien asegura que muchos de sus pacientes se han divorciado por este problema.

Hay formas de lidiar con el dolor y tratar los síntomas de la afección, asegura Stoehr, pero puede llevar tiempo encontrar la terapia adecuada para cada individuo.

Otras han tenido que faltar en numerosas ocasiones del trabajo o lo han llegado a perder porque el intenso dolor les impide realizar sus labores con normalidad.

“Esto no es un simple resfriado”, dice. Y a menudo se necesita que el paciente se trate durante la resto de su vida.

“Es muy importante que las mujeres sean las propulsoras de que este tipo de enfermedades crónicas se investiguen”, sostiene Stoehr.

Tema relacionado: Una enfermedad rara que compromete el placer del sexo

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